MI PRIMERA Y ÚNICA ORGÍA

Enviado por: Maite (maite25@mixmail.com <mailto:maite25@mixmail.com>).

 

Me llamo Maite, tengo 25 años, estoy casada desde hace 4 y trabajo en una empresa de automoción. Mi altura es de 171cm, peso 64 kg, tengo el pelo largo y castaño tirando a rubio. Mis medidas son 97 de pecho, 66 de cintura y mis nalgas miden 88 cm. Me gusta vestir ropas apretadas para dar a relucir mis atributos, también a veces minifaldas y pantalón corto. Me gusta mucho practicar sexo, lo hago casi a diario con mi marido, que es fuerte y corpulento, y sabe follarme muy bien cuando se lo propone. En todo el tiempo que hace que estamos juntos hemos disfrutado de largas noches de pasión. Pero lo que ahora les contaré no ocurrió precisamente con mi querido esposo.

Durante esos 4 años de casados no le había sido infiel ni una sóla vez hasta lo ocurrido la semana pasada. En la empresa donde ejercito como secretaria trabaja un chico de mi edad, alto, de pelo negro y corto, ojos oscuros, y muy atractivo físicamente. Marcos, que así es como se llama, mantiene un romance con una chiquilla de 19 años, muy bien desarrollada por su edad pues tiene unas medidas desproporcionadas. Siempre que los imagino a los dos juntos en la cama me pongo a cien pensando en lo mucho que debe disfrutar la muy guarra con ese pedazo de hombre.

Hace apenas una semana cogí un par de días libres para ir a una exposición con mi marido, pero antes de partir tuve que pasar por la empresa a firmar unos documentos. Cuando llegué ya no había nadie, por lo menos eso es lo que yo imaginé ya que tuve que abrir con mi llave y las luces estaban todas apagadas. Cuando me dirigía a mi despacho, al pasar por el lado del baño, oí unos ruidos en las duchas. Al principio me asusté, pero me pasó rápidamente ya que pude comprobar que eran gritos de placer, de una chica que estaba chillando de gusto, por lo que pude suponer que la estaban follando con fuerza. Me encerré en el baño que está justo al lado de las duchas evitando hacer ruidos para que no me pudieran oír.

La sorpresa fue muy grande cuando, después de un rato de escuchar las voces y los gritos de placer, supe que eran tres las personas que estaban disfrutando de aquel polvazo. Una era Marcos, la otra su novia, y el otro chico era un chaval también de unos 20 años que trabaja en la empresa.

Yo estaba super excitada. Me bajé las braguitas y, por debajo de la falda, me metí dos dedos en mi sexo, masturbándome muy rápido. De pronto alguno de ellos salió de las duchas para entrar en el baño, no sé aún por qué motivo, supongo que sería para coger papel o alguna otra cosa, ya que en plena faena uno no se va al baño así como así. Al ver que la puerta estaba cerrada, dijo:

- ¿Hay alguien ahí?

Era la voz de Marcos, que se había dado cuenta de que alguien, desde hacía rato, sabía lo que allí pasaba.

- Sí, soy Maite -dije yo con voz flojita y asustada.
- ¿Qué haces aquí a estas horas? ¿Hace mucho rato que estás aquí?

En ese momento yo estaba muy avergonzada. Soy una chica tímida y nunca antes me había encontrado en una situación semejante.

- He venido a por unos papeles, Marcos, y no he podido evitar escuchar los ruidos que he oído aquí al lado. Lo siento mucho, Marcos, me voy enseguida, y te prometo que no lo contaré a nadie.

En ese momento no sabía cómo reaccionaría el chico. Yo no tuve miedo porque Marcos era un chaval muy simpático y agradable, además de guapo, pero sí estaba muy avergonzada de lo que estaba ocurriendo en aquellos momentos. Esto fue lo que Marcos me contestó:

- No pasa nada, Maite. Todos somos adultos y debemos saber disfrutar de los placeres de la vida. ¿Por qué no te apuntas tú también a la fiesta?

Quedé alucinada con esa respuesta. Pasaron mil cosas por mi cabeza. Ese tio no se cortaba un pelo. Era la oportunidad de mi vida, la oportunidad de tirarme a ese hombre que tanto me gustaba, pero a la vez tendría que compartirlo con dos personas más. Aunque la idea no era mala ya que el otro chico tampoco estaba mal. No dejaría escapar esa oportunidad, y más aún con lo caliente que me había puesto aquello.

Abrí la puerta y allí estaba Marcos pendiente de mi reacción. Sólo llevaba una pequeña toalla que tapaba su entrepierna, pero que de ninguna manera podía disimilar su pene erecto que tenía ganas de salir de ahí. Yo misma me encargué de sacarle la toalla, para ver qué se escondía allí debajo, y no me decepcionó. Su tranca era gruesa y larga, más grande que la de mi esposo. Medía unos 20 cm y estaba muy dura. Enseguida me arrodillé, la cogí con mi mano derecha y empecé a masturbarla lentamente, subiendo y bajando el prepucio que no llegaba a dejar salir el glande de tan empinada como estaba. Enseguida empecé a chuparla toda. Olía a sexo de mujer, era el olor del sexo de su chica, que en aquellos momentos estaba dentro de las duchas follando con el otro chico. Se podían oír los gemidos de placer de ella. Mientras tanto, Marcos frotaba mi pelo, empujando mi cara para hacer entrar su miembro aún más adentro de mi boca.

Seguidamente, me cogió por la cintura y me condujo dentro de las duchas. Al abrir la puerta pude ver un espectáculo fabuloso. Sandra, la novia de Marcos, estaba flexionada de cara a la pared, mostrando su inmenso y bonito trasero completamente desnuda. Sólo llevaba puestas unas botas altas que le llegaban hasta las rodillas. El chico la penetraba cada vez más rápido por el orificio de su vagina en la posición del "esquiador". Sandra estaba completamente agotada y sólo se apreciaba el movimiento de sus dos grandes cantimploras que colgaban casi un palmo y se movían adelante y atrás.

No mostraron la mas mínima sorpresa al verme entrar porque estaban llegando los dos al orgasmo y habían oído nuestra conversación antes, por lo que siguieron así hasta que el chico sacó su polla del coño de Sandra y empezó a masturbarse con fuerza. La chica se arrodilló frente a él y esperó a que Rafa se corriera en su cara y en sus tetazas. Sacó una enorme cantidad de semen de aquella envidiable polla, que ella misma se encargó de esparcir con sus manos por toda su cara y principalmente por sus dos preciosos pechos. Finalmente lamió aquella verga hasta no dejar ni rastro de la gran corrida.

Mientras tanto, Marcos no había perdido el tiempo y ya me había sacado mi jersey amarillo y también el sujetador. Estaba chupando mis pezones y magreando mis tetas, que ya hacía rato se habían puesto muy duras.

Rafael me dijo que siempre había soñado con poder follarme, mientras me quitaba la minifalda y apartaba mis bragas para meterme su lengua en el coño después de acariciar mis nalgas. Era una sensación insólita. Tenía dos empleados de la empresa lamiendo todo mi cuerpo con sus lenguas y poniéndome cada vez más caliente.

Mientras, Sandra se había quitado las botas y se estaba dando una ducha, acariciando cada parte de su cuerpo, y volviendo a excitarse poco a poco. También subía cada vez más la temperatura de mi cuerpo viendo cómo corrían ríos de agua sobre aquellas increiíbles tetas y por el abundante bosque de pelo que había en su entrepierna.

Por fin llegó el momento esperado. Me senté en una estantería que había detrás, que sirve también de almacén, apoyando mis nalgas sobre una toalla para no notar el frío de la chapa. Estaba ya completamente desnuda. Marcos levantó mis piernas y se puso firme entre ellas. Procedió a darle un par de masturbadas a su polla, frotó los labios húmedos de mi coño con su glande y, seguidamente, metió su grande y empinada tranca toda dentro de mi vagina. Yo rodeé su cuerpo con mis piernas, poniendo mis pies en su espalda aguantando las embestidas de mi amigo. Cada vez me penetraba con más rapidez y eso producía en los dos una sensación de placer tremenda que duró unos 10 minutos. Yo ya me había corrido hacía rato e iba por la segunda corrida cuando sentí toda la carga de semen que salía de la polla de Marcos dentro de mi cuerpo. Fue increíble. Se corrió dentro de mí mientras juntábamos nuestras lenguas y me magreaba las tetas. Le chupé la polla hasta que no quedó nada de leche en ella. Tiene bastante pelo en sus alrededores y en los huevos, y eso me gusta mucho.

Rafa también se había metido en la ducha y Sandra, medio agachada, le estaba masajeando la polla con sus dos enormes tetas. Mientras, Marcos y yo los mirábamos, descansando del polvazo que acabábamos de practicar.

Al poco rato, Marcos ordenó a Rafa que se tirara en el suelo, poniendo algunas toallas debajo de su cuerpo y de su cabeza. Sandra se arrodilló encima de su cara, poniendo su coño en los labios del chico, que no tardó en empezar a lamer con agrado. Mientras, Marcos le dio la polla a su novia, que comenzó a trabajar con sus manos y su boca, para así ir poniéndola dura otra vez. Y yo, que era la única que quedaba libre, me senté encima de la verga de Rafael, que ya hacía rato estaba en su punto máximo, metiéndomela poco a poco dentro de mi coño (es una posición que me gusta mucho, porque así puedo controlar yo misma la profundidad y la velocidad de las embestidas). Mientras él me magreaba las tetas fuertemente con sus dos grandes manos, yo movía mi trasero en posición circular para así dar más placer al momento. Fueron unos momentos alucinantes. Estábamos los cuatro juntos dándonos placer mutuamente.

Cuando Sandra tuvo la polla de su novio dura, la soltó y quedamos yo y ella cara a cara, encima las dos del cuerpo de Rafa. No pudimos evitarlo debido al momento y a las circunstancias, y juntamos nuestros labios y lenguas en un beso inolvidable. Nunca antes había besado a una chica en la boca. No sé si fue mejor o peor que con un hombre, pero sí os puedo asegurar que fue agradable y diferente.

Mientras, yo seguía botando sobre la polla de Rafael. Marcos obligó a su novia a ponerse a cuatro patas y, después de pegarle unas fuertes palmadas en su trasero, la penetró nada más y nada menos que por el agujero de su culo. No debía de ser la primera vez, ya que los dos conjuntaron rápido los movimientos. Era increíble ver aquella enorme verga en el agujerito de la pechugona Sandra, que otra vez volvía a encontrarse en la posición que yo llamo del esquiador, pero con la diferencia de que ahora la follaba su propio novio y por el culo. Se la metía hasta que los huevos chocaban con el culazo de ella y la chica gemía en voz muy alta.

En aquellos instantes yo llegué otra vez al orgasmo. El placer era descontrolado y mis gritos se juntaron con los de Sandra, ofreciendo un recital de voces igual que en las películas porno. Rafa seguía cachondo y con su tronco a punto de reventar. Se puso de pie y yo, de rodillas, procedí a mamarla y masturbarla para que se corriera sintiendo el máximo placer posible. Al vernos, Marcos sacó la polla del culo de su novia y la puso también a mi disposición. Yo iba jugueteando con las dos a la vez, mientras chupaba la de uno, masturbaba la del otro ante la mirada de Sandra que creo que aquel día ya había tenido suficiente. Al poco rato, Rafael me avisó de que iba a correrse, dándome tiempo de sacar la polla de mi boca y masturbarla muy rápido hasta que lanzó su espesa leche repartiéndola entre mi cara y mis tetas. Yo misma la esparcí con mis manos por todo mi abundante busto.

En el mismo instante en que Rafa frotaba su jugoso glande por mis labios, Marcos llegó al orgasmo y, masturbándose él mismo con habilidad de profesional, dirigió sus chorros hacia mi cara, quedando la mayor parte de su semen en mis cabellos.

Luego nos dimos todos una ducha, nos vestimos y salimos a la calle como si allí nada hubiera pasado. Realmente fue una orgía fabulosa. Nunca antes hubiera imaginado poder disfrutar del sexo como lo hice aquel día. Desde entonces, Marcos me ha propuesto varia veces que volviéramos a repetirlo, en un sitio más cómodo y más relajadamente. Yo he renunciado por el miedo que me ocasiona cuando pienso en mi marido y en mi hijo. Pero cuando recuerdo el placer que viví en aquellos momentos me dan ganas de repetir la experiencia y volver a disfrutar de un rato de sexo a tope.